jueves, 11 de abril de 2013

Dos Microrrelatos



Verdades Amargas

Cuando el pesimismo de las leguas recorridas lo ha convencido de que el oasis que ve a la distancia es un espejismo, se encuentra con que no es una alucinación: son ciertas las palmeras, cierta la fuente, ciertas las huríes y cierta la promesa de Mahoma. Ha muerto de insolación y está en el paraíso.

Última Sonrisa

Después de haberse entregado sin mucho entusiasmo, sin besos ni caricias, ella pide su tarifa. Pedro está algo confundido y para complicar las cosas, sin dinero. Después de una breve discusión llegan a un acuerdo: Pedro debe entregar hasta la última gota de su sangre. El proceso -descrito por ella- parece truculento, pero indoloro. Cuando ella comienza a beber su sangre, Pedro olvida los atardeceres más solitarios y dolorosos de su vida. Pasados unos minutos ya casi no recuerda a su familia y amigos. Al llegar al último sorbo, apenas recuerda su nombre y cuando trata de repetirlo en voz alta, para tratar de atesorarlo, la mujer – con la boca aún llena de sangre- le sonríe por primera vez en la jornada, una sonrisa sigilosa que sella todo su olvido.