sábado, 7 de diciembre de 2013

El Maestro de Kung Fu


Después de mi lesión en enero el ortopeda me sugirió que no volviese a practicar Hung Gar: cambie de "deporte", me dijo. Harto imposible hacerle entender a alguien que no practica Kung Fu que este no es un deporte y que el mismo va más allá de una excusa para sudar, lanzar puñetazos y estar en forma. Mi regreso no ha sido solitario, tengo cinco "aprendices" y por primera vez estoy enseñando fuera de la órbita de mi maestro. Las posibilidades de enseñar van más allá de la obligación de estar en forma. En mi caso se han vuelto una oportunidad para estudiar aspectos del Kung Fu que he explorado poco, como otras formas de Quigong, el Chin Na de las escuelas internas o estilos que siempre me han interesado como el Baguazhang. A propósito de este venturoso y calculado (1) retorno, les dejo este poema de José Watanabe. Quien haya hecho Taolu (formas chinas con objetivo imaginario) encontrará un significado especial para el poema.


El Maestro de Kung Fu

"Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea
madruga y danza
frente a los arenales de Barranco
Se mueve como dibujando
una rúbrica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, está hiriendo, buscando el punto
de muerte
de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil años.
Su enemigo ataca con movimientos de animales
agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose
en la infinita coreografía
de evitamientos y desplantes.
Ninguno vence nunca, ni él ni él,
y mañana volverán a enfrentarse.
-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí."


José Watanabe, de "Cosas del Cuerpo".

(1) Uso la palabra calculado porque lo estoy haciendo de manera bastante pausada. Ahora tengo que cuidarme un poco y he eliminado ejercicios que requieren demasiado impacto, es por eso mi interés en las escuelas internas.